CARDIOFAMILIA | Cardiología y medicina de familia (Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga)

Existe en la actualidad una fuerte corriente de opinión, expresada entre otros por el presidente de Estados Unidos, a favor de liberar las patentes de las vacunas frente al CoVid, con objeto de permitir una mayor disponibilidad, sobre todo para los países escasos de recursos. Parece razonable pensar que, en una emergencia de salud mundial como la actual pandemia, el bien común de la salud debe prevalecer sobre otras consideraciones, incluido el derecho cubierto por las patentes. La inmunización de los ciudadanos de todos los países es un objetivo incluso para los países privilegiados económicamente, pues en un mundo globalizado el control de la pandemia no estará garantizado hasta que dicha inmunización alcance también a los países más pobres.

Hay, sin embargo, algunas consideraciones que hacer al respecto. La investigación de productos sanitarios, como los medicamentos y las vacunas, requiere la inversión de ingentes cantidades de dinero y la asunción correspondiente de riesgos en caso de fracaso. Los gobiernos han dejado esta inversión y el correspondiente riesgo en manos de las empresas privadas, a cambio de garantizar el adecuado retorno en forma de beneficios, para lo que estas empresas disponen de la protección que las patentes les ofrecen durante un período determinado de tiempo. Puede suceder que si dicha protección desaparece se vea amenazada la investigación futura, ya que será más difícil que las empresas se arriesguen en una situación de una posible menor seguridad jurídica.

Por otra parte, en la presente pandemia los riesgos y la inversión para la investigación de las vacunas no han recaído exclusivamente sobre las empresas, pues ha existido una importante financiación de gobiernos, fundaciones, entidades financieras e incluso otras empresas, para acelerar el desarrollo de una vacuna eficaz¿A cambio de qué? No lo sabemos con exactitud, puesto que existen numerosas cláusulas secretas en los contratos firmados entre las compañías farmacéuticas y otras entidades; las aportaciones de gobiernos, incluida la Unión Europea, probablemente persigan asegurarse un adecuado suministro de dosis. Y es probable que las aportaciones de entidades financieras u otras empresas privadas busquen participar en los beneficios.

En estas circunstancias es difícil prever una solución fácil; y es probable que, dada la “confidencialidad” de los diversos contratos, nunca nos enteremos de las condiciones de dicha solución. Pero lo que sí es cierto es que, de una u otra forma, es necesario que las vacunas lleguen a todos los países en cantidades adecuadas y en un período de tiempo breve si queremos acabar con la pandemia.

Eduardo de Teresa es Catedrático Emérito de Cardiología, Universidad de Málaga. Director de la Cátedra de Terapias Avanzadas en Terapia Cardiovascular de la Universidad de Málaga.

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