CARDIOFAMILIA | Cardiología y medicina de familia (Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga)

Entre centenares de miles de muertos por la pandemia de CoVid19, la urgencia por obtener información relacionada con cualquier posible tratamiento o sus riesgos parece justificada. Pero generar conocimiento con la adecuada seguridad y confianza parece reñido con las prisas. La hidroxicloroquina se ha empleado ampliamente en pacientes con infección por coronavirus, sobre la base de un potencial efecto beneficioso. Es sabido que este fármaco puede causar alargamiento del QT y arritmias, y dos recientes artículos, publicados por los mismos autores en las prestigiosas revistas Lancet y New England Journal of Medicine, sugerían que las consecuencias negativas de dichos efectos secundarios podrían superar los beneficios esperados, traduciéndose en un incremento de la mortalidad. Debido a ello, la Organización Mundial de la Salud decidió interrumpir un estudio clínico en marcha sobre hidroxicloroquina en pacientes con CoVid19.

Ahora los autores se han retractado de sus publicaciones, pues la base de datos de la que se sirvieron, gestionada por una empresa de Chicago, se negó a facilitar el acceso a todos sus registros para analizar la exactitud y veracidad de los mismos. Este es un buen ejemplo de lo que no debe ser la investigación científica. Es cierto que hay fuertes presiones por parte de la comunidad médica y de la sociedad en su conjunto por obtener cuanto antes datos respecto al tratamiento de una enfermedad tan extendida y devastadora; pero debemos exigir un exquisito cuidado con la metodología científica para evitar que datos precipitados no adecuadamente contrastados originen confusión y, en definitiva, más perjuicio que beneficio.

Como solía recordar un gran cardiólogo, el recordado Alfonso Castro Beiras, “el buen médico debe conocer lo último, pero aplicar lo penúltimo”. Esta frase, no aplicada precisamente a la investigación sino a la aplicación de sus resultados, no viene a ser sino una llamada a la prudencia y el sedimento de los conocimientos novedosos que todo buen clínico sigue en su práctica clínica.

Eduardo de Teresa es Catedrático Emérito de Cardiología, Universidad de Málaga. Director de la Cátedra de Terapias Avanzadas en Terapia Cardiovascular de la Universidad de Málaga.

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