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CARDIOFAMILIA | Cátedra de Terapias Avanzadas en Patología Cardiovascular de la Universidad de Málaga

En casos de insuficiencia mitral aguda (como la que sucede, por ejemplo, por rotura de parte del aparato subvalvular en un infarto agudo de miocardio), la poca distensibilidad de una aurícula que no ha tenido tiempo de adaptarse a la sobrecarga brusca de volumen hace que las presiones aumenten mucho, y se produzca edema agudo de pulmón. En ese caso los vasodilatadores deben administrarse por vía intravenosa y en el contexto de una unidad de cuidados intensivos, siendo el nitroprusiato sódico una buena opción. Si esto no es suficiente, puede requerirse la implantación de un balon de contrapulsación intraaórtico.

El balón de contrapulsación, que se hincha de forma sincronizada con el latido cardíaco, se encuentra en el extremo de un catéter que se sitúa en la aorta torácica descendente. El volumen de hinchado es de 30-50 ml y emplea helio como gas inerte. El catéterse inserta a través de la arteria femoral, bien mediante la técnica percutánea de Seldinger, bien mediante abordaje directo de la arteria. La colocación correcta, que requiere control radiológico, se alcanza cuando el extremo del catéter está situado justo por debajo del nacimiento de la arteria subclavia izquierda. El hinchado del balón se realiza coincidiendo con la onda dícrota del pulso aórtico, y se desincha justo antes de la sístole. Los beneficios hemodinámicos del contrapulsador intraaórtico se basan en una reducción de la postcarga aórtica, al deshincharse bruscamente al comienzo de la sístole, y una mejoría de la perfusión coronaria, al aumentar el hinchado del globo la presión diastólica aórtica. Por ello este dispositivo está particularmente indicado en situaciones de insuficiencia cardíaca-bajo gasto secundario a isquemia miocárdica (shock cardiogénico, complicaciones mecánicas del infarto agudo de miocardio, como rotura del tabique interventricular o insuficiencia mitral aguda, síndrome de bajo gasto postcirculación extracorpórea, etc.). También se utiliza como respaldo en casos de angioplastia o coronariografía de alto riesgo. Es evidente que está contraindicado en casos de insuficiencia o disección aórtica, así como en la persistencia del conducto arterioso. Las principales complicaciones de esta técnica son la isquemia de las extremidades y la sepsis, cuyo riesgo aumenta con el tiempo, por lo que la contrapulsación intraaórtica se ve limitada a unos cuantos días, tiempo que debe bastar para solucionar, por medios médicos o quirúrgicos, la situación que dio origen a su inserción.

El tratamiento médico está reservado a pacientes con buena función ventricular y que, gracias a dicho tratamiento, se mantienen en una situación asintomática o con escasos síntomas; o bien a enfermos en que el riesgo de la intervención quirúrgica es inaceptable.

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