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Alimentación

Factores de riesgo cardiovascular, riesgo de enfermedad coronaria, conceptos elementales sobre el estilo de vida, alimentación, hábitos alimentarios incorrectos, patrones de consumo adecuados e inadecuados.

Es sabido que hábitos alimentarios incorrectos pueden favorecer la aparición de ciertas enfermedades. El Instituto Americano del Cáncer estima que entre el 30 y el 35 % de los cánceres pueden tener un origen alimentario y, por lo tanto, podrían ser evitables. Existe una clara asociación entre dieta y enfermedad cardiovascular demostrada ya desde los años 50, tras observar la menor prevalencia de enfermedad coronaria en la zona del Mediterráneo. Tampoco es casual que la mortalidad por infarto en la población esquimal sea mínima, debido a la gran cantidad de pescado que consumen habitualmente en la dieta. Cada vez son más conocidas algunas de las repercusiones de la forma de alimentarse sobre el corazón, las arterias, el cerebro, cualquier otro órgano o tejido del cuerpo y el metabolismo en general.

Las tablas habitualmente utilizadas por todos los terapeutas para calcular los rangos de normalidad del peso del cuerpo humano en relación con la edad, la talla, el sexo, han sido elaboradas con exactitud y rigor después de estudiar datos de millones de personas por parte de las compañías de seguros de vida americanas: el resultado es que, cuando el obeso acude a hacerse un seguro de vida y enfermedad, le cobran más porque enferma más (diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, infarto, gota) y se muere antes. En general, hay que decir que no existen alimentos buenos o malos, sino patrones de consumo adecuados o inadecuados. El equilibrio entre la variedad, la cantidad y la periodicidad en el consumo de los alimentos a medio y largo plazo, así como la forma de comerlos, de qué otros alimentos se acompañan y el momento en que se toman, son determinantes.

Como regla general:
  • Evitar comer en exceso.
  • Repartir la ingesta alimentaria en cinco veces.
  • Primar el consumo de frutas y verduras.
  • Preferir el pescado a la carne, y dentro de esta, la blanca a la roja.
  • Evitar las grasas saturadas y la bollería industrial.

Los frutos secos y el aceite de oliva son beneficiosos para la salud cardiovascular por su contenido en grasas insaturadas, pero aportan muchas calorías, por lo que hay que consumirlos con moderación si se pretende no ganar peso.

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Curiosamente el estudio PREDIMED, quizá el más completo de los estudios sobre intervención dietética publicado hasta la fecha, demostró los beneficios en eventos de suplementar la dieta con aceite de oliva virgen extra y/o frutos secos sin que en los grupos de intervención se constatara un aumento de peso.

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