La detección de la fibrilación auricular (FA) se basaba en la exploración física y en el electrocardiograma (ECG) convencional de 12 derivaciones en el centro de salud, o bien mediante Holter cuando los episodios eran paroxísticos. Sin embargo, en la actualidad los pacientes llevan en sus muñecas dispositivos capaces de realizar electrocardiogramas de derivación única. Cuando el algoritmo detecta un ritmo irregular los pacientes acuden con su teléfono móvil.
Aunque los algoritmos actuales tienen una alta sensibilidad técnica, existen limitaciones importantes como los falsos positivos derivados de extrasístoles frecuentes, artefactos por movimiento o interferencias, especialmente en poblaciones sanas monitorizadas sin indicación clínica previa. Por esta razón, el médico de familia debe asumir la alerta como un aviso de alta sospecha y nunca como un diagnóstico definitivo.
Ante un paciente que acude con esta notificación se debe seguir una estrategia clara. En primer lugar, se realiza una anamnesis para evaluar síntomas como palpitaciones, mareos o disnea, y una exploración física con auscultación cardíaca para buscar tonos arrítmicos. El siguiente paso es la confirmación diagnóstica mediante un ECG de 12 derivaciones que muestre la ausencia de ondas P y una línea de base irregular. Si el ECG convencional es normal y el paciente se encuentra asintomático, se debe solicitar un Holter de ECG de 24-48 horas o de mayor duración para capturar episodios paroxísticos.
Una vez confirmada la arritmia, es necesario realizar una estratificación del riesgo embólico mediante la escala CHA2DS2-VASc para valorar la indicación de anticoagulación oral. También se debe calcular el riesgo de sangrado con la escala HAS-BLED, corrigiendo los factores modificables como la hipertensión arterial.
Los dispositivos wearables han hecho que la monitorización del ritmo cardíaco sea más fácil y que el propio paciente sea consciente de su situación y su salud. Para el médico de familia, esto implica validar siempre el diagnóstico en la consulta mediante métodos clínicos reglados antes de iniciar cualquier tratamiento a largo plazo. Estudio original: SEC, 2026